Rezando para que no me toque

Estos días en mi país, miles de internautas han lanzado desde sus ordenadores millones de ataques contra las webs de un organismo del Ministerio de Cultura y de una patronal discográfica, consiguiendo que estuvieran inoperativas durante horas. Este ataque, según afirmaba el grupo de internautas que lo provocó “Anonymous”, fue un acto de protesta contra las leyes que persiguen a las páginas de descargas de material protegido con derechos de autor. No es la primera vez que ocurre, pero anteriormente los medios de comunicación no se hicieron eco de la noticia con el fin de no alentar a más internautas a unirse a este grupo, o realizar acciones similares.

El debate no se ha hecho esperar entre los que lo acusan de ciberbandalismo y los que lo defienden como una mera y legitima forma de protesta. Lo cierto es que la repercusión mediática que ha provocado ha sido mucho mayor que cualquier acto de protesta al uso.

Una de las características de internet es que la información fluye con gran velocidad y el control sobre ésta es muy difícil de mantener. La libertad de expresión impera en la red siempre que el contenido de una opinión no constituya un delito, por lo tanto los actos de protesta, bajo este punto de vista, deberían ser lícitos. Muchos internautas utilizan la red para manifestar  abiertamente su opinión sobre el Gobierno y las entidades públicas y privadas, y más con la proliferación de las redes sociales, donde el ciudadano explota su poder real. De hecho, no hace demasiadas fechas, una gran firma de ropa estadounidense, se veía obligada a no cambiar el logo de su empresa por las numerosas protestas de sus fans manifestadas a través de Facebook, emails y Twiter.

Pero el hecho de expresar una opinión en la red sobre una entidad es bien distinto a bloquear una página porque no me gusta su contenido, o lo que ésta representa; el límite está bien claro y es obvio. Los sitios webs que viven de la publicidad y algunos medios de comunicación deberían preguntarse si han de dar cabida a este tipo de noticias o no,  qué pasaría si mañana una opinión manifestada en una web de un periódico no gusta a este colectivo y al día siguiente esta página aparece bloqueada por un ataque de denominación de servicio, conocido como “DOS”. ¿Lo veríamos como ciberbandalismo o como una legitima forma de protesta?

Existen organismos que despiertan la antipatía de numerosos colectivos e internautas y emitir opiniones al respecto de sus acciones me parece lícito y entra dentro de la libertad de expresión que caracteriza la red. Pero resulta agresivo, ilícito e intelectualmente débil, manifestar una opinión bloqueando un sitio web, utilizando herramientas agresivas  de manera anónima, sin dar la cara, y el hecho de calificar a este hecho como un nuevo acto de protesta similar a las manifestaciones en pie de calle, “haciendo uso de la libertad de expresión”, es simplemente un despropósito.

Estamos en un terreno muerto, en el que hasta que no entren en vigor nuevos códigos penales estos actos no serán considerados un delito y, por tanto, las autoridades como los tribunales no pueden hacer demasiado al respecto. Y mientras esperamos a que pueda ser penado por la ley, los proveedores de contenido estamos desprotegidos y solo podemos emitir nuestra opinión al respecto, rezando para que no me toque a mí.

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