La poca garantía de neutralidad en la red

Durante los últimos días, el tema de la neutralidad en la red está en boca de muchos especialistas en la materia. Pero lo más curioso es que también ha sido un tema central en foros de debate y en redes sociales, como Twitter o Facebook, en donde los ciudadanos de a pie han querido manifestar sus opiniones al respecto.  Esto último no parece haber sentado demasiado bien a las esferas políticas, en especial a algunas.

El pasado noviembre, en mi país, el Senado rechazó una enmienda presentada por uno de los partidos políticos para garantizar la neutralidad en la red. Poco antes de esta decisión, internautas y expertos en internet manifestaban  a voz en grito su total desacuerdo ante la posibilidad de que  la libertad en la red se viera coartada  por las operadoras de internet.  Nos acostumbramos enseguida a lo bueno, y cuando la libertad en internet se ve en peligro cunde el pánico en la red global. El argumento peregrino que defendían los políticos para acabar con la neutralidad es la de una necesidad de establecer un límite a los gestores de contenidos.  Pero poner barreras a algo que nació sin ellas, imponiendo un modelo de negocio a través de un control del servicio, traerá sin duda como consecuencia la posibilidad para las operadoras de perjudicar a la competencia. En definitiva, es el propósito final que se persigue y es de lo que se trata.

Por otro lado, el Senado alegó la existencia de  “injerencias externas que degradaron la imagen y el trabajo realizado por el Senado meses antes”. Con estas “injerencias externas” se referían a la cantidad de mensajes enviados a través de las redes sociales manifestando opiniones pidiendo la garantía de la neutralidad en la red.

Calificar de injerencia externas a las opiniones de los millones de usuarios de internet, es decir, ciudadanos, me parece cuanto menos un despropósito por parte de estos organismos. Confundir la opinión del pueblo con maniobras orquestadas por vaya usted a saber quién, nos hace entender en qué manos estamos y quiénes son nuestros dirigentes.  La opinión expresada por el ciudadano es un derecho que puede ejercer cuando le venga en gana, el problema es cómo hacérselo llegar al partido político de turno. Y ahora se puede hacer de una manera más directa a través de las redes sociales. El problema es que el mensaje tiene un alcance de propagación que no les conviene nada y, por eso, intentan acallarlo como les es posible.

La incoherencia y la  falta de información de muchos políticos acerca del alcance de los foros y las redes sociales es evidente, debido más al miedo del alcance de éstos, que al contenido en sí mismo.

Desconozco la reacción que se tomará en mi país próximamente  a este respecto; posiblemente se volverán a poner alegaciones peregrinas y el debate volverá a ser motivo de burla y mofa en la red. Lo que está claro es que la neutralidad en la red volverá a ser sometida a debate en los próximos días, y estoy seguro de que volveremos a oír los gritos de los internautas, aun más altos e implacables. Y mientras llega una resolución definitiva, por el momento nos tenemos que quedar con la poca garantía de neutralidad en la red.

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