Borrarse es desaparecer

Karen Owen, estudiante de la prestigiosa Universidad de Duke, en Estados Unidos, escribió una tesis ficticia a la que tituló: “Más allá del aula: Sobresalir en el ámbito de los estudios horizontales”. En ésta explicaba con todo lujo de detalles sus aventuras amorosas con sus 13 amantes y realizaba un estudio detallado acerca de las capacidades amatorias de éstos, incluso con fotografías y notas de aprobación o suspenso; todos ellos pertenecían al campus universitario en el que ella estudiaba. La tesis, que era un compendio en clave de broma y estaba escrita en formato Power Point, se la envió inocentemente por correo electrónico a tres de sus amigas, con el fin de compartir la broma. El problema surgió cuando una de las tres amigas reenvió el correo a otra persona fuera del círculo. Pocos días después, el correo se convirtió en un fenómeno viral en la Red, con millones de visionados y más de 33.000 entradas en Google para su búsqueda.
Desde que esta tesis se hizo pública en internet Owen no volvió a dar señales de vida a través de la red. Una broma de este tipo es propia de universitarios y hace 20 años, si hubiera sido escrita en papel, hubiera sido motivo de comentario entre tres amigas y, a lo sumo, hubiera llegado a otras 30 personas, pero su difusión no hubiera pasado a mayores.
El correo electrónico es una herramienta de uso común y los mensajes de contenido morboso despiertan la atención de la mayoría de los usuarios a los que el contenido de éste les llega de manera inmediata y gratuita. Es muy difícil establecer un control sobre la información que se propaga a través de la red.
Owen era usuaria habitual del correo electrónico, como cualquier universitario, y también de redes sociales como Facebook y Twitter. Debiera haber conocido el alcance de propagación de este tipo de mensajes. Desde que las redes sociales tomaron gran relevancia en internet, sobre todo entre los jóvenes, la vida parece cobrar un sentido diferente. De hecho, Facebook cuenta con 500 millones de usuarios y ha alcanzado tal relevancia entre el público que ya cuenta con una película en la que se escenifica la historia de su formación y origen. Asimismo, los jóvenes alardean entre ellos de la cantidad de amigos que consiguen a través de las redes sociales, convirtiéndose incluso en una competición por número de contactos. Es absurdo, pero forma parte de la realidad.
Y todo esto forma parte de la generación de internet a la que, por cierto, pertenece Karen Owen. Es difícil conocer en qué manos pueden caer nuestros comentarios, opiniones, fotografías y demás datos privados que enviamos a través del correo electrónico y, mucho menos, la información que publicamos en las redes sociales, y las consecuencias de este descuido pueden llegar a situaciones como la que ha vivido Owen.
De momento, Owen no da señales de vida; ha borrado todos sus perfiles de Facebook, Twitter y demás redes sociales, ES DECIR, HA DESAPARECIDO.

Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña
CEO Ocio Networks

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Una respuesta a “Borrarse es desaparecer

  1. Hugo Navas Cisneros

    Es verdad, hace pocos años atrás no hubiera pasado la noticia a más de 30 personas. Es por eso que aconsejo a todos los internautas a tener mucho cuidado con videos, fotos y/o comentarios, ya que no se pueden asegurar que ellos no sean mal utilizados.
    Si bien es cierto que la tecnología actual nos obliga a utilizar ciertos recursos como el Facebook, twitter, etc… también es cierto que hay que tener mucho cuidado…

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