Nunca es tarde, si el resultado es positivo.

Según las últimas informaciones, el sector editorial está por fin perdiendo el miedo a dar un paso hacia adelante y afrontar una realidad que estaba hace tiempo en la calle y que, tarde o temprano, debían resolver. Según la 2ª Encuesta sobre el Libro Digital, las editoriales en mi país aspiran a alcanzar el 12% del mercado durante el 2012, un poco más de la cuota actual en Estados Unidos, donde en la actualidad ya casi el 10 % de los libros vendidos son digitales.

A la vista está que el sector editorial se ha visto influido por el problema que acarrearon en su momento las descargas ilegales  tanto de música como de cine, cuya consecuencia fue una grave crisis en el sector musical sin precedentes y, antes de que sea tarde, los editores han tomado buena nota de ello. Así, con la proliferación en el uso de e readers, tablets, Kindels y demás soportes que hasta hace un tiempo eran poco accesibles económicamente para gran parte de los usuarios, los responsables editoriales se han decidido a incrementar su oferta de textos en los formatos digitales, llegando  hasta un 25% de toda la producción. El mismo Gremio de Editores cree que el año 2011 será un año para sembrar el formato digital, pero que 2012 será el año en el que definitivamente se afiance. Nunca es tarde, si el resultado es positivo.

Y antes de que las descargas ilegales lleguen a alcanzar las cifras que otros sectores han alcanzado, el mundo editorial se ha adelantado acercando lo más posible el precio a un público que huye despavorido de los precios abusivos, e incluso que prefiere el producto gratis aunque su calidad sea muy inferior.

Si bien es cierto que desconozco hasta qué punto es viable o elevada  la inversión que los grupos editoriales deben realizar para renovar las infraestructuras para el nuevo formato digital, el resultado muy probablemente será positivo a largo plazo. Con esto quiero decir que si los precios de las descargas de e-book son hasta un 30% más baratos que en papel, es muy probable que a las editoriales no les resulte rentable este reajuste, por lo menos inicialmente, pero sí considero que sea necesario desde que la tecnología llegara al mundo editorial, pues resulta absolutamente obsoleto en su forma.

Además los editores confían en la aparición y desarrollo de plataformas como Amazon, cuyo lanzamiento está anunciado para antes del verano, que supondrá un trampolín necesario a la hora de comercializar este soporte. Obviamente no todos los títulos sirven en formato electrónico, como los libros de texto y algunos infantiles, cuyo sentido y funcionalidad se perdería en formato digital, aunque por otro lado surgirán nuevas opciones como los libros interactivos.

Sin duda, el sector editorial se está preparando para el cambio que se avecina. Según declaraciones de los propios expertos en la materia, la inclusión de publicidad en los libros digitales será la mejor solución para beneficiar tanto a editores como a usuarios, una solución absolutamente acertada ante el posible problema del elevado coste de las descargas.

Estamos ya ante el tránsito entre uno y otro formato que sin duda será largo, pero el resultado es lo que cuenta.

Quién sabe si estaremos en el principio del fin del libro en papel y dentro de unos años nos veremos mostrando nuestros ejemplares en papel, tal y como lo hacemos ahora con nuestros viejos vinilos, como auténticas reliquias, como una muestra de transcurso del tiempo y de la evolución lógica, porque la era digital llega a casi todos los sectores.

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