Sony, ahórranos más disgustos

Hace algunos días nos despertábamos con la noticia del robo de datos personales de más de 100 millones de usuarios de PlayStation Network de Sony. Nos echamos la mano a la cartera y empezamos a llamar al banco, temiendo que no solo mi correo electrónico ya hubiese sido vendido al mejor postor, seguramente mis datos de la tarjeta de crédito, también.

Sony culpó al grupo activista hacker Anonymous de ocasionar –directa o indirectamente, eso nunca se sabrá- la violación de seguridad, ya que el robo de datos se produjo al mismo tiempo que se luchaba contra un ataque de “denegación de servicio” proveniente de Anonymous, algo así como, te despisto por aquí y te roban por allá.

Nosotros, sus clientes, no supimos que el robo se había cometido hasta varios días después, casi una semana, en la que más de uno se habrá levantado con varios miles menos en su cuenta corriente, algo que desde luego, no se debería perdonar.

Pero este no ha sido el único caso, ni por desgracia será el último. En 2009 se robaron 10.000 claves de acceso al servicio de mensajería electrónica Hotmail y a Facebook cerca de 2 millones de claves. En todos los casos, estos datos personales se pusieron a la venta inmediatamente.

Las compañías nos obligan a dejar en sus sistemas un rastro de información personal que en el mejor de los casos incluye nuestro nombre y dirección de correo electrónico, pero con la llegada de plataformas de juego online o aplicaciones para dispositivos móviles, cada día facilitamos alegremente a decenas de empresas nuestros datos de tarjetas de crédito o débito.

La mayoría de las empresas que trabajan con los datos de nuestra tarjeta bancaria suponemos que han invertido una gran cantidad de recursos para asegurarse que la información de sus usuarios no se vea comprometida, pero a la vez, se incrementa el deseo por parte de los hackers de hacerse con esta información. Ya no solo se trata del correo electrónico, sino también de mis datos bancarios, mi dirección física, mis gustos y aficiones… Estamos entregando datos que no compartimos con seres cercanos, simplemente para jugar una partida online.

Ya es historia el robo de datos para venta de correos a compañías de Spam. Ahora estos datos enriquecidos tienen finalidades mucho más lucrativas, desde solicitar un crédito a nuestro nombre que estaremos obligados a devolver con mucho esfuerzo, hasta realizar transacciones, evidentemente sin nuestro consentimiento y difícilmente reembolsables.

Es cierto que posiblemente nos falte una educación más profunda en el uso de las herramientas de protección que disponemos. Seguramente nuestras claves son débiles o simplemente somos descuidados y utilizamos siempre la misma contraseña para todas nuestras cuentas, cierto, pero eso no es óbice para obligar a toda empresa que nos solicite datos tan confidenciales a unas garantías de seguridad, que a día de hoy, se ven a todas luces insuficientes.

El problema que existe de fondo es que esas bases de datos están almacenadas normalmente  en países como EEUU o Japón, bajo sus propias legislaciones, que muchas veces protegen más a las empresas que a los consumidores, legislaciones que tienen poco que ver con las leyes de nuestro país.

Tras el incidente, Sony solo ha tenido dos ideas: regalar un mes gratis de su servicio Plus y obligar a todos los usuarios registrados de PlayStation Network a cambiar las contraseñas de sus cuentas antes de poder volver a entrar en el sistema.  En principio, nada que nos garantice que este robo de datos no se pueda volver a dar cualquier día.

Ante esta situación, somos nosotros los que debemos poner soluciones para que si no hemos sufrido el ataque en nuestras cuentas, podamos evitarlo en el futuro. Si estamos registrados en PlayStation Network debemos cancelar ya nuestras tarjetas bancarias y solicitar unas nuevas y debemos cambiar la contraseña en otros servicios en los que utilicen la misma que en PlayStation Network para evitar así que puedan acceder quienes se hagan con los datos robados a Sony.

Las plataformas de juego online y comercio electrónico son herramientas útiles y básicas  y están aquí para quedarse. Usémoslas con cabeza y cuanto antes aprendamos a hacerlo correctamente, más podremos disfrutar de ellas y seguro que nos ahorraremos algún disgusto.

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