Toca las estrellas

Hace tiempo que vengo siguiendo con interés un nuevo proyecto de largometraje; un proyecto interesante tanto por la temática de la película como por la forma de crearla y eso que he de reconocer que no me interesa demasiado el bonitamente subvencionado mundo del cine, acostumbrado a recibir “caramelos” de todo el mundo: de las televisiones, del Estado… es el triste espejo donde en ocasiones se miran otras industrias como la de la música, al grito de “la música (también) es cultura”.

Reconozco que no me gustan las subvenciones. Entiendo el razonamiento de que posiblemente sin ellas no hubiera cine y me da lástima que así sea. Hay muchos puestos de trabajo en juego y comprendo perfectamente que hay que defenderse, pero tampoco puedo evitar pensar, de forma malévola y con una medio sonrisa en la boca, que sin esas subvenciones nos hubiéramos ahorrado enormes disgustos filmográficos que hemos pagado indirectamente los ciudadanos.

Y es eso precisamente lo que más me gusta de “El Cosmonauta”, un proyecto de largometraje producido por Riot Cinema Collective, que plantea un nuevo modelo de financiación, producción y distribución aprovechando en todas sus vertientes las herramientas de comunicación disponibles: Internet, redes sociales, comunidades y móviles.

Es un proyecto innovador en muchos aspectos: aprovechan las herramientas de creación y distribución que les permiten producir contenidos audiovisuales de calidad a muy bajo coste, consiguen un contacto directo con el público y muestran soluciones viables al modelo tradicional de financiación, producción y distribución que la sociedad ya no demanda.

Los inversores han sido buscado directamente a través de internet, aprovechando el poder de las redes sociales y, mediante la microfinanciación, miles de personas pueden participar en la película a través de Crowdfunding, ayudando a generar un gran interés mucho antes del estreno, incluso mucho antes de la realización de la película.

La clave para mí se encuentra en el entorno Crowdfunding, un método de financiación que permite que con una inversión mínima de 2€ cualquiera puede convertirse en productor de esta película, recibiendo en tu domicilio un welcome pack y asegurando la aparición en los títulos de crédito.

Además, los creadores de la idea han acertado al darle al producto una licencia de Creative Commons, que amplía el concepto de copyright y permite que, bajo ciertas condiciones, la película se distribuya libremente, se copie, se remezcle y modifique y se generen nuevas obras utilizando su material original. Esto genera infinitas nuevas posibilidades de negocio y amplía el alcance de la distribución en términos masivos.

Pero para mí es mucho más importante lo que han conseguido hasta el momento. Desde mayo de 2009, en poco más de dos años, que fue el momento en que se dio el pistoletazo de salida, han alcanzado cerca del 50% de su financiación, valorada en 860.000 euros. Y no solo eso, ante el inicio de la grabación y ante una necesidad apremiante de fondos, hicieron una última llamada de ayuda a la que, en menos de 72 horas, consiguieron que cerca de 300 nuevos inversores inyectaran 60.000 euros más, vitales para el inicio del rodaje.

De momento, ya han conseguido colocar el 45% de las acciones y solo les queda un 55% de la película por vender. Parece mucho, cerca de 500.000€, pero yo creo que lo más difícil ya lo han conseguido: enamorar a miles de pequeños inversores y demostrar que si la idea es buena y el equipo gestor tiene talento, lo demás es saber comunicarlo.

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